Juan Moreira
Juan Moreira Dos pasajeros habÃan visto los tres cadáveres sobre el camino y, al percibir a Moreira y oÃr su palabra altanera, se habÃan creÃdo muertos; de modo que cuando estuvieron a cierta distancia, recién respiraron con entera libertad, apreciando aquella aventura como la salvación de un peligro de muerte inevitable, gracias a aquel joven pasajero que conocÃa a Moreira.
—Si este hombre hubiese sido tratado con bondad siempre —dijo éste a los otros pasajeros—, habrÃa sido tan dócil como un niño. Pero lo han perseguido a muerte, y ese espÃritu naturalmente bondadoso, herido y humillado de todos modos, se ha lanzado al camino de guerra abierta con la justicia.
Y aquella era una verdad inconmovible, pues solamente nuestra justicia de paz, mala y entregada a manos ignorantes, es capaz de convertir a un hombre bueno en un bandido, pues si Moreira no hubiera tenido el freno de los instintos nobles y bondadosos, habrÃa sido un asesino feroz que hubiese asolado toda la campaña con sus crÃmenes.
Moreira permaneció mudo y de brazos cruzados hasta que el ruido de la galera no fue perceptible al oÃdo.