Juan Moreira
Juan Moreira El club avellanedista estaba reunido en gran algazara contando con la incorporación de Moreira, cuando éste llegó, dejó su caballo en la puerta y entró como en su casa. Todos los paisanos lo recibieron con muestras de la mayor alegría, pero él prescindió del paisanaje y se dirigió al presidente, que estaba contando el dinero que le mandara ofrecer.
—Si usted se ha pensado —le dijo de la manera más severa—, que yo soy artículo de pulpería que cualquiera me puede comprar, se ha equivocado de medio a medio. Ni yo me vendo, amigo, ni usted tiene bastante dinero para comprarme, en caso que yo tuviera para negocio mi facón, que está comprometido con mis amigos.
—Yo no he querido ofender, amigo Moreira —le contestó el presidente del club, sabiendo que a las malas era la causa perdida—. Necesitamos su apoyo y le ofrecemos por hoy esto, pudiendo usted contar con mucho más si llegamos a triunfar.
Quiso hacer en seguida la apología del presidente Avellaneda, pero el gaucho le cortó la palabra.
—Yo no puedo servir con usted, porque su candidato me da asco —prosiguió—, y porque no puedo servir para capitanear esta tropilla de maulas. —Y Moreira miraba de una manera provocativa a los ochenta o cien hombres que lo escuchaban.