Juan Moreira
Juan Moreira Daba el asesino sus últimas manitos en los bolsillos de la vÃctima, cuando se acercó al carro a gran galope Juan Moreira, que habÃa adivinado la escena.
—¿Qué está usted haciendo ahÃ, so puerco? —preguntó Moreira al asesino, para quien aquello era la cosa más natural del mundo.
—Ya lo ve, amigo —respondió éste con un cinismo que revelaba el último grado de la perversión más absoluta del sentido moral—. Me he limpiado a este gringo tonto y le estoy sacando los reales que, de todos modos, se los ha de sacar la justicia que anda a la pesca de estas boladas.
—Usted es un puerco, amigo —replicó Moreira en el colmo de la indignación—. No se mata a un hombre por robarle cuatro reales, y el que estas muertes hace tiene un fin desgraciado. Le aseguro, a fe de Juan Moreira, que usted va a tener la muerte de un chancho y en una cárcel.
Nos dice el asesino aquel, con quien hemos hablado sobre este incidente, que aquellas palabras le produjeron tan honda impresión que no las ha podido olvidar nunca.
Todo asesino es, por naturaleza, cobarde, asà es que al oÃr éste el nombre de Moreira, se echó a temblar pidiendo disculpas al gaucho.