Juan Moreira
Juan Moreira Un hombre de aspecto bravo, que habÃa estado silencioso toda la noche, habÃa bebido excesivamente y el licor se le habÃa ido completamente a la cabeza, dándole la mona por soltar una que otra indirecta a Moreira, sobre su aspecto sombrÃo y su cara de asustar a todo el mundo, perdonándole la vida.
Moreira al principio no notó, o se hizo el que no notaba las indirectas de aquel hombre, pero éstas se repitieron de tal manera que el paisano tuvo que darse por enterado.
Se levantó poco después y se dirigió a la pieza donde hablara con el señor Caminos, de la que volvió trayendo su manta de vicuña y bajo ésta un objeto que nadie pudo ver.
El hombre aquel, envalentonado con el silencio indiferente de Moreira, o con los dos medios frascos que tendrÃa en el buche, siguió con alusiones groseras e insolentes.
—Amigo —dijo Moreira—, las monas se han hecho para dormirse y no para lucirlas; déjese de moler la paciencia, no sea que le cueste caro.