Juan Moreira

Juan Moreira

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Sin ser invitado a ella, y por lo que se decía, Moreira cayó a la jugada acompañado de un paisano con quien se había ligado esos días y cuya compañía admitía de tarde en tarde, por tener con quien conversar un poco, pues ya se iba fastidiando de andar siempre solo y aislado del resto de los hombres.

El Cuerudo contemplaba aquella interesante jugada sin despegar los labios y a espalda de los jugadores. No tenía ni un centavo y aquella noche le tocaba mirar.

Tenía grandes tentaciones de arrebatar la parada y disparar con ella, pero se contenía, esperando que engordara la banca para dar el golpe más a la fija.

Moreira empezó a jugar con tanta felicidad, que a la hora tenía delante de sí una crecida cantidad de dinero y era el que tallaba.

El Cuerudo miraba lleno de emoción aquella jugada; tenía celos de aquel hombre a quien tanto protegía la suerte en todo lo que emprendía.

Moreira estaba de pie, con la baraja en la mano, cobrando o pagando los apuntes, según le iba en el juego, y echando cartas con increíble rapidez.

Una sota y un rey echó el gaucho sobre la mesa, cuando oyó a su espalda una voz que decía:

«¡Copo la banca!», y vio una mano enérgica y nerviosa que se apoderaba precipitadamente del dinero que tenía delante, como lo podía haber hecho un juez de campaña sorprendiendo una jugada.


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