Juan Moreira
Juan Moreira Cuando el Cuerudo se embriagaba, jamás buscaba pelea en las pulperÃas de donde se retiraba, decÃa, para ir a hacerle el gusto al cuerpo; y ya se sabÃa que aquel gusto consistÃa en ir a buscar la partida y hacerse lastimar por los soldados, quienes últimamente no le hacÃan caso, pues apenas podÃa tenerse a caballo.
Cuando esto último sucedÃa, el Cuerudo regresaba a los almacenes diciendo que no habÃa sacado en la lucha ni un rasguño, y que habÃa derrotado a la partida con suma facilidad, siendo graciosÃsimo escuchar la cantidad de detalles y minuciosidades con que el Cuerudo adornaba aquella pelea imaginaria.
—¡Ah, hijitos! —concluÃa riendo—. ¡Ah, criollitos! ¡Y que vengan ahora a mentarme a ese tal Juan Moreira, que no sirve ni para ensillarme el mancarrón! Los paisanos se entretenÃan en mirar las graciosas muecas y cuerpeadas con que el Cuerudo adornaba su imaginario combate y le pagaban la copa.
Este es el famoso Cuerudo con quien Moreira hizo una especie de amistad, la que debÃa serle fatal, apresurando su inevitable fin.
Moreira trabó relación con el Cuerudo en una casa de negocio donde tenÃa lugar una jugada de mucho interés, muy concurrida por la gente brava.