Juan Moreira
Juan Moreira Las miró con una especie de estertor y dando un suspiro prolongado:
—Está bien, no me maten, que estoy rendido —dijo, y dos lágrimas corrieron por sus pómulos.
Ya estaban atándolo cuando uno de los soldados de la partida, que lo conocÃa, dijo:
—Ese no es Moreira, compañeros; es Julián Andrade, otro bandido.
Concluyeron de amarrarlo y empezaron a recorrer de nuevo las habitaciones en busca del terrible Moreira, temiendo que se les hubiera escapado.
Asà llegaron a una habitación completamente cerrada en cuyo umbral estaba el señor Bosch diciendo:
—Aquà está el hombre; es inútil buscarlo en otra parte.
¿Qué sucedÃa entretanto en la pieza que ocupaba aquel hombre verdaderamente descomunal?
Oigamos a la mujer que estaba con él.
Cuando los soldados hablaron en alta voz, creyendo haber atado a Moreira, éste se asomó al umbral y pudo ver a Andrade completamente rendido. El cuzquito ladraba de una manera amenazadora, avanzando hacia la puerta entreabierta por su amo.
Moreira entró precipitadamente, echó los pasadores a la puerta y se puso a vestir rápidamente, revisando sus armas con minuciosa atención.