Juan Moreira
Juan Moreira Varela acometió de nuevo a Moreira, que paró tranquilamente los golpes de sable que le tirara, diciéndole:
—Vaya a curarse, amigo, que usted no está para estas cosas.
Y en seguida, viendo que algunos vigilantes cargaban de lejos sus «rémingtons» para hacerle fuego, pasó como una exhalación por delante del brocal del pozo, sin ver a Chirino que estaba allà oculto; y poniéndose la daga entre los dientes, se tomó de la pared con ánimo de pasar al otro lado, donde estaba su caballo, que era su completa salvación y la burla de toda aquella gente que en vano habÃa intentado matarlo a toda costa.
Ya habÃa alcanzado con las dos manos al extremo de la pared; con dos pisadas más que diera contra los salientes ladrillos estaba completamente a salvo, cuando una espantosa maldición salió como un trueno de su boca, su pie derecho se escapó del ladrillo donde se apoyaba y su mano derecha se desprendió de la pared.
¿Qué habÃa sucedido que aquel hombre se habÃa detenido a la mitad del camino prorrumpiendo en una maldición que pasó amenazadora por sobre la hoja de la daga que conservaba en sus dientes?