Juan Moreira
Juan Moreira Al otro día de haber muerto Moreira, cediendo al empuje de tantos enemigos y dando una última prueba de su valor novelesco, llegaban al partido de Lobos comisiones de los pueblos vecinos para cerciorarse por sus propios ojos de que realmente Moreira había muerto.
En el rostro de todos los que miraban aquel cuerpo exánime se podía ver una expresión del más franco asombro, pues para todos los que conocían su tristísima historia, Moreira era un desventurado cuya muerte conmovía el espíritu de una manera inevitable.
Y aquel hombre, cuya hermosura típica no había alterado la rigidez de la muerte y que momentos antes sembraba el terror entre sus enemigos, estaba allí frío e inmóvil, con la barba convertida en una masa de sangre coagulada y los labios entreabiertos por una última sonrisa, sirviendo de espectáculo a los innumerables curiosos que llegaban a La Estrella para verlo por última vez y contemplar la herida que había dado fin a aquella existencia desventurada.
Moreira fue enterrado en el cementerio de Lobos, veinticuatro horas después de su muerte, en una humilde fosa donde sólo se ve un número calado en una plancha de hierro.