Juan Moreira
Juan Moreira Decían que una de aquellas cicatrices, que marcaba un largo de dos centímetros bajo la tetilla derecha, había sido recibida en la segunda lucha con Leguizamón.
Desde la cintura hasta los hombros se podían contar nueve heridas, de las cuales tres eran de arma de fuego; en el muslo derecho, a la altura de la rodilla, se veía una cicatriz de bala y su hombro izquierdo, a manera de presilla, estaba cruzado por un hachazo que había dejado allí una cicatriz de un centímetro de profundidad.
Esta era la cota de malla que había vestido Moreira para evitar la muerte que casi diariamente le había salido al encuentro.
Dos horas después de haber muerto aquel hombre excepcional, se presentó en La Estrella el señor Blas Varela, tío del valiente capitán de la partida de Lobos, que recogió y llevó a su casa a los heridos de aquella acción, que eran Eulogio Varela, Pedro Berton, el sargento Chirino y dos más, donde recibieron los primeros cuidados.
Más tarde llegaron por un tren expreso tres cirujanos que envió el Gobernador de la Provincia y que procedieron inmediatamente a la cura de aquellos heridos.