Juan Moreira
Juan Moreira Moreira se puso de pie en un movimiento nervioso, y dirigiéndose a su caballo le apretó la cincha y le puso el freno con increÃble rapidez, quedando a su lado en observación.
A los pocos minutos de estar en esta actitud volvió a oÃrse el relincho más próximo; relincho que fue respondido por el overo, y sobre el camino, a veinte cuadras de distancia, se dibujó la silueta de un paisano.
La vista del gaucho es una vista proverbial: él conoce el pelo de un caballo, a la distancia en que un ojo vulgar sólo percibe un pequeño bultito en el horizonte, y conoce al jinete que lo monta, como dicen, en su modo de sentarse.
Gracias a esta vista imponderable, Moreira habÃa reconocido en aquella silueta al amigo Julián, como éste habÃa conocido al overo bayo.
Julián dirigió entonces su caballo hacia el cicutal, mientras Moreira volvÃa a quitar el freno y aflojar la cincha de su parejero.
Cuando Julián se aproximó, Moreira sonreÃa melancólicamente, y mientras aquél ponÃa su zaino en las cómodas condiciones del overo, sintió que Moreira le golpeaba la espalda diciéndole:
—¿A qué ha venido, amigo? ¡Ya le dije que esta patriada la tengo que hacer solo!