Juan Moreira
Juan Moreira —Si los amigos no sirven en la ocasión —repuso Julián—, no sirven ni para tizón de fuego. Yo querÃa además decirle algo que no le comuniqué anoche, porque sólo usted lo debe oÃr: y habÃa en esto una delicadeza de espÃritu elevado.
Julián tendió su poncho al lado de Moreira; armaron un cigarro y el paisano completó asà su narración de la noche anterior:
—Los hombres de su alma, amigo Moreira, no le hacen asco al dolor; es preciso, pues, que usted sepa una cosa amarga: ¡qué canejo!, gota más, gota menos, el veneno viene a ser el mismo, y el amargo no se aumenta.
Moreira, al escuchar al amigo Julián, se iba poniendo lÃvido, se sentÃa sofocar ante la amenaza de una nueva desventura, que por los preámbulos con que el paisano la adornaba, debÃa ser la más dolorosa de todas.