Juan Moreira
Juan Moreira Hombre de grandes pasiones, de corazón ardiente y espÃritu vigoroso, se habÃa sentido empujar en aquella rápida pendiente y se habÃa entregado por completo a la fatalidad que lo guiaba.
De su corazón valiente iban desapareciendo poco a poco los nobles impulsos, y sólo se llenaba por completo con el odio que en él habÃan sembrado los hombres.
Moreira sacudió la cabeza con un movimiento magnÃfico, echando a la espalda los negros rizos que cubrÃan sus hombros, miró a los paisanos que se habÃan ido acercando poco a poco a medida que se iban reponiendo de la emoción, estrechó por última vez la mano de Julián y le dijo:
—Adiós, amigo; yo me voy ahora donde me lleve la suerte. Quién sabe cuándo nos volveremos a ver; pero, si algún dÃa sucede, me comprometo a pagar la copa a todos los que han estado aquà en esta ocasión.
Tomó su perrito, que colocó en las cabezadas del recado, saltó sobre el caballo y tomando una actitud melancólica se alejó al trotecito, diciendo al pasar por el lado del herido que atendió con tan buena voluntad:
—Dios lo conserve, amigo, y alÃviese, para que me estreche la mano a la vuelta.