Las Minas del Rey salomón

Las Minas del Rey salomón

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Infadús se inclinó en sumisa reverencia pronunciando con voz baja la palabra «Kum, Kum», que más adelante supe era el saludo real de su pueblo, correspondiente al «Bayete» de los zulúes, y volviéndose, habló a los que le acompañaban. Estos procedieron enseguida a recoger todos nuestros efectos para conducírnoslos, con la excepción de las armas de fuego, que por ningún concepto se atrevían a tocar. También echaron mano a la ropa de Good, que como recordará el lector, la tenía a su lado cuidadosamente doblada. Él quiso impedirlo y la asió con ese objeto, lo que dio lugar a un fuerte altercado.

—No permitáis que se moleste mi señor del ojo transparente, y de la dentadura que se desvanece —dijo el viejo. Sus esclavos cuidarán de esas cosas.

—Pero es que necesito vestirme —exclamó Good con furioso acento.

Umbopa tradujo sus palabras.

—Nunca, señor —contestó Infadús— quiera ocultar sus preciosas piernas blancas (aunque era trigueño, Good tenía la piel de un blanco muy delicado) de la vista de sus siervos. ¿Hemos acaso ofendido a mi señor para que quiera hacer tal cosa?

Estuve a punto de reventar de risa, y más cuando oí a Good exclamar, al ver que un nativo se alejaba con ella.


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