Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón El pueblo, ignorando la verdad y arrastrado por el hambre, que le obscurecía la razón, exclamó: ¡El Rey! ¡El Rey! pero yo sabía que todo era una impostura; nuestro hermano Imotu era el mayor de los gemelos, y por consiguiente el verdadero rey. Creció el tumulto y estaba en su apogeo cuando éste, que se encontraba herido y muy enfermo en su cabaña, salió de ella apoyándose en el brazo de su esposa, andando lenta y penosamente, y seguido de su pequeño Ignosi (el relámpago).
—¿Qué significa este alboroto? —preguntó. ¿Por qué gritáis: ¡El Rey! ¡El Rey!? entonces Twala, su propio hermano, el que había nacido en la misma hora y de la misma mujer, corrió a él, y asiéndolo por el cabello le atravesó el corazón con su cuchillo. El pueblo, voluble por naturaleza y dispuesto siempre a rendir sus homenajes al sol que se levanta, aplaudió estrepitosamente, vociferando: ¡Twala es rey! ¡Viva Twala! ¡Ahora, todos sabemos que Twala es rey!
—¿Y cuál fue la suerte de la esposa de Imotu y de su hijo Ignosi? ¿También Twala los mató?