Las Minas del Rey salomón

Las Minas del Rey salomón

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Aceptaron, y a poco, sentados en unos de los banquillos, que había en la cabaña, porque, los kukuanos no acostumbran a sentarse en cuclillas como los zulúes, nos ayudaban a concluir con nuestra comida. El viejo militar, Infadús, nos trató con suma amabilidad y cortesía, pero nos pareció que el joven nos miraba con algún recelo. En un principio había sido, como todos los que le acompañaban, completamente subyugado por nuestro color y nuestras facultades mágicas; pero creo que al descubrir que comíamos, bebíamos y dormíamos como cualquier otro mortal, su temor comenzó a ceder dejando lugar a malévolas sospechas y peores intenciones, que nos tenían poco menos que sobre ascuas.

Durante la comida, sir Enrique quiso que yo tratara de averiguar si nuestros comensales sabían algo de su hermano; si le habían visto o habían oído hablar de él; pero después de pensarlo, creí prudente dejar para más tarde esa investigación.

Terminada la comida cargamos nuestras pipas y las encendimos, cosa que dejó atónitos a Infadús y a Scragga, prueba evidente de que los kukuanos desconocen tan deliciosa costumbre. La planta crece abundantemente en su suelo; pero a igual de los zulúes sólo la emplean para hacer rapé y la desconocieron por completo bajo el nuevo aspecto con que se les presentaba.


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