Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Enseguida entramos en la cabaña que encontramos convenientemente preparada para nuestro alojamiento. Varias camas de pieles curtidas nos ofrecían un lecho como hacía tiempo no teníamos, y vasijas llenas de agua limpia nos invitaban a librarnos del polvo de la jornada.
Apenas nos habíamos hecho cargo del local cuando oímos unos gritos afuera y yendo a la puerta vimos una hilera de damiselas que nos traían leche, harinas cocidas y un jarro de miel. Detrás de éstas varios mozos conducían una gorda ternera.
Recibimos el presente y uno de los jóvenes, desenvainando su cuchillo, degolló al animal, que en diez minutos estuvo desollado y descuartizado. Separada la mejor carne para nosotros, distribuí la restante, en nuestro nombre, a los guerreros que nos rodeaban, quienes se alejaron con ella para repartirse la dádiva de los blancos.
Umbopa, ayudado por una joven de extraordinaria belleza, comenzó a preparar nuestra comida, cociendo la carne que nos reservamos, en una gran marmita de barro, al calor de una pequeña hoguera que hizo fuera de la cabaña, y cuando ya iba a estar a punto, enviamos una invitación a Infadús, para que con Scragga viniera a comer con nosotros.