Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —¿Cómo sabes eso?
—Escúchame. Siguieron caminando meses y meses, hasta llegar a un paÃs, cuyos habitantes, llamados amazulúes y pertenecientes a la raza kukuana, viven de la guerra; y entre ellos moraron mucho años, hasta que al fin la madre murió. Entonces el hijo, Ignosi, abandonó aquel lugar, fue a una comarca maravillosa, en donde habitan los blancos, y por largo tiempo permaneció entre ellos aprendiendo las ciencias de estos hombres.
—Es curiosa tu historia —dijo Infadús incrédulamente.
—Por muchos años vivió allà como criado y como soldado; pero guardando siempre en el corazón cuanto su madre le contara de su patria, buscando sin desmayar los medios de volver a ella y ver a su pueblo y el hogar de su padre, antes que la muerte terminara sus dÃas. Largo tiempo vivió esperando; pero al fin llegó la hora, como sucede a todo el que sabe, y puede aguardar; supo de unos blancos que venÃan a esta Tierra desconocida y se unió a ellos. Cruzaron el abrasador desierto, pasaron por encima de la nieve de las montañas, y entrando en la tierra de los kukuanos te encontraron a ti, ¡oh, Infadús!
—Sin duda alguna, tú estás loco cuando hablas asà —dijo asombrado el viejo militar.
—¿Tal piensas? mira, yo te lo probaré, ¡oh! hermano de mi padre.