Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —Supongo, usted sabe —continuó sir Enrique— que si un hombre en Inglaterra muere intestado, y no tiene otro capital, sino tierras o bienes raÃces, todo pasa a ser propiedad de su primogénito. Precisamente esto ocurrió cuando reñimos; nuestro padre murió intestado, pues habÃa ido difiriendo el hacer su testamento hasta que llegó a ser demasiado tarde para ello. El resultado fue que mi hermano, a quien no se habÃa dado profesión alguna, quedó sin un centavo de qué disponer. Era mi deber, como es natural, haber atendido a todas sus necesidades, pero entonces nuestro enojo era tan grande, que yo, para vergüenza mÃa lo digo (y suspiró profundamente), le hice la menor oferta. No es que yo le guardara rencor, no, esperaba que él acudiera a mÃ, y él jamás lo hizo. Siento molestar a usted, señor Quatermain, con todos estos datos, pero debo esclarecer cuanto he pasado, ¿eh Good?
—En efecto, en efecto —contestó el capitán— y estoy seguro que el señor Quatermain no repetirá una palabra de esta historia.
Por supuesto —dije yo— pues no hay cosa que me enorgullezca más que mi discreción.