Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Nos reímos al terminar su canto, tomándolo como a buen augurio. Umbopa era un vivo y alegre salvaje, aunque siempre de una manera digna, a menos que le acometiera un acceso de mal humor, y tenía una maravillosa habilidad para alegrar a todo el mundo. No había uno entre nosotros que no le quisiera.
Y ahora vayamos a la aventura que quiero referir, porque no hay cosa que me guste tanto como un episodio de caza. A quince días próximamente de Inyati, comenzamos a cruzar por un país cuyos bosques estaban abundantemente regados. Los barrancos que surcaban las colinas escondíanse bajo una espesa maleza de «idoro», como la llaman los nativos, o de espinoso «wacht-eenbeche» (aguarda un poco), y por doquiera se destacaban numerosos y hermosísimos árboles «amachabelle», agobiados por el peso de sus frescas frutas amarillas de grandes almendras. Esta planta es el alimento predilecto del elefante, y no cabía duda que alguno de esos enormes brutos debía rondar por allí, porque a más de sus huellas, los árboles estaban desgajados recientemente y aun arrancados de raíz.