Democracia - El dios que fracasó
Democracia - El dios que fracasó Este igualitarismo forzado destruye los pilares culturales que sostienen la civilización: la familia, la religión, la jerarquía, la moral tradicional. El Estado democrático promueve la idea de que todos tienen “derechos” a costa de los demás: salud, educación, vivienda, empleo, entretenimiento. Así, la virtud se sustituye por la demanda, y la dignidad por el victimismo. La ética se adapta a las leyes cambiantes y se convierte en instrumento político.
A la par, se expande un aparato burocrático que todo lo vigila, todo lo regula, todo lo subvenciona. La educación es tomada por el Estado para formar súbditos obedientes. El lenguaje se manipula para justificar cada nuevo control. La cultura se degrada, premiando el resentimiento, la envidia y la irresponsabilidad. La degeneración no es solo económica, sino espiritual: se abandona el esfuerzo, la excelencia, la autodisciplina. El Estado reemplaza a la familia, al mercado y a la comunidad, convirtiéndose en el nuevo dios secular de las masas.