Democracia - El dios que fracasó
Democracia - El dios que fracasó Mientras que el monarca actuaba como un dueño que cuidaba su propiedad y pensaba en términos multigeneracionales, el gobernante democrático es un usuario temporal del poder que busca maximizar el consumo polÃtico inmediato. En la monarquÃa, la expropiación era más limitada y predecible; en la democracia, el saqueo se vuelve una competencia legalizada, una lucha por capturar los recursos del Estado. La transición no implicó menos poder estatal, sino más: más impuestos, más regulación, más guerra, más control.
La democracia, lejos de ser un freno al poder, lo democratizó y lo expandió. Convertida en Ãdolo moderno, hizo del Estado una bestia sin dueño, sin lÃmite y con carta blanca para devorar el ahorro, la propiedad y las tradiciones de los pueblos. Esta transformación histórica no liberó a las personas, las volvió más vulnerables al aparato estatal.
El ejercicio del poder en democracia no se rige por la lógica de conservación, sino por la de consumo acelerado de recursos. Los gobernantes electos no poseen el aparato del Estado, solo lo administran por un tiempo limitado. Esto crea un incentivo perverso: extraer el máximo posible en el menor tiempo, sin preocuparse por las consecuencias a largo plazo. El resultado es una cultura polÃtica de saqueo progresivo.
