Tan poca vida
Tan poca vida El apartamento en Chinatown habÃa sido un alivio temporal, pero el verdadero campo de batalla estaba dentro de ellos. Cada uno de los cuatro amigos cargaba una herida, y las noches en que se reunÃan, entre risas forzadas y bromas ácidas, sus secretos a veces asomaban como sombras sobre la mesa.
Una tarde, JB irrumpió en el apartamento de Jude y Willem, agitando una fotografÃa que acababa de tomar. —¡Miren esto! —exclamó—. Es nuestra obra maestra. Vamos a ser famosos. Era una imagen cuidadosamente editada de los cuatro en la universidad, un montaje en el que sus rostros parecÃan reflejar una juventud idealizada, perfecta. Pero Jude, al mirarla, sintió cómo algo dentro de él se fracturaba.
—¿Qué te parece, Jude? —insistió JB, señalando la imagen. —Es... hermosa —murmuró, evitando el contacto visual. Pero no lo era. Porque lo que veÃa no era una imagen ideal; era una mentira.
Jude comenzó a distanciarse, incluso de Willem, su refugio más cercano. En las madrugadas, cuando el insomnio lo atacaba, se encerraba en el baño, presionando una cuchilla contra su piel en un intento desesperado de liberar el dolor que lo asfixiaba. Willem notaba los vendajes, las excusas torpes, pero no sabÃa cómo atravesar el muro que Jude habÃa levantado.