Tan poca vida
Tan poca vida —¿Quieres hablar de eso? —preguntó una noche, encontrándolo sentado en el balcón, mirando la ciudad. —¿Hablar de qué? —respondió Jude, fingiendo indiferencia. —De lo que sea que te esté destrozando.
Jude lo miró un largo momento, sus ojos oscuros llenos de algo insondable. Luego negó con la cabeza. —No hay nada que decir.
Mientras tanto, Malcolm se debatía entre su identidad y las expectativas de su familia. Vivía bajo el techo de sus padres, en una casa tan grande como su inseguridad. A pesar de trabajar en un prestigioso estudio de arquitectura, sentía que sus logros eran un eco vacío.
Una noche, durante una cena con todos, JB lo atacó con su lengua afilada. —¿Todavía vives con tus papás? ¿No crees que ya es hora de ser un adulto? Malcolm apretó los puños bajo la mesa. —¿Y tú qué, JB? —respondió con voz baja pero cargada de veneno—. ¿Cuándo dejarás de pretender ser un artista?
La tensión era palpable, y Willem intervino, intentando calmar las aguas. Pero la grieta estaba abierta, y ninguno de ellos sabía cómo repararla.