Tan poca vida
Tan poca vida JB, por su parte, se sumergÃa cada vez más en su narcisismo, convencido de que el éxito estaba a la vuelta de la esquina, aunque su arte comenzaba a reflejar más su desesperación que su talento. Su loft, siempre lleno de humo y risas, era un caos de egos y resentimientos. Pero incluso él, el más egocéntrico del grupo, empezaba a notar que Jude se desmoronaba.
—Estás demasiado flaco —le dijo una noche, mientras Jude apenas tocaba su comida. —Estoy bien, JB —respondió Jude con una sonrisa que no llegó a sus ojos. —No lo estás. Ninguno de nosotros lo está.
Esa noche, cuando Jude volvió al departamento, Willem lo encontró en la cama, con los ojos cerrados pero claramente despierto. —¿Cuándo vas a dejar que te ayude? —preguntó Willem, su voz un susurro lleno de impotencia. Jude no respondió.
Las grietas entre ellos crecÃan, pero también las que cada uno llevaba consigo. Manhattan, con su resplandor y su crueldad, parecÃa amplificarlo todo, convirtiendo sus esperanzas en espejismos y sus secretos en cuchillas afiladas.
—A veces, la grieta más peligrosa no está entre nosotros, sino dentro de nosotros—.