Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —No os queda ya ninguno.
—¡Cómo! ¿Ni tierras?
—Nada, hijo mÃo; y eso que antaño los tuvisteis en abundancia. Porque tu familia tenÃa numerosas ramas. En este condado poseÃais una casa en Kingsbere, otra en Sherton, otra en Millpond, otra en Lullstead y otra en Wellbridge.
—¿Y no podremos volver a entrar en posesión de lo nuestro?
—¡Oh!… ¡Vaya usted a saber!
—Pero ¿usted qué me aconseja que haga, visto todo eso? —preguntó Durbeyfield después de una pausa.
—¡Yo! Nada, como no sea que medites pensando en «cómo caen los poderosos»[14]. Todo lo que te he contado no pasa de ser un episodio de cierto interés para el historiador y genealogista local. Entre los aldeanos de esta comarca hay varias familias casi de la misma distinción. ¡Conque buenas noches!
—¡Espere usted, señor pastor! Tenga la bondad de venir a tomarse un cuarto de cerveza conmigo para celebrar ese descubrimiento… ¡Si viera usted qué cerveza tan buena tienen en La Gota Pura!… Aunque, claro, no tan buena como la de Rolliver…
—Hombre, te lo agradezco, pero esta vez no puede ser. Ya hemos hablado y tú ya has bebido bastante por hoy…