Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡Bueno! SÃ, es verdad que yo he oÃdo decir más de una vez que mi familia habÃa estado en mejor posición antes de venir a afincarse en Blackmoor. Sólo que nunca hice de ello mucha cuenta, pensando que todo se reducirÃa a que antes habÃamos tenido dos caballos, en vez de uno que tenemos ahora. Cierto que todavÃa anda por casa una cuchara de plata vieja y un sello antiguo, grabado; pero de eso a pensar que entre esos nobles d’Urberville y yo mediara el menor parentesco… Aunque también oà decir alguna vez que mi bisabuelo tenÃa sus secretos y que nunca querÃa contar nada tocante al origen de nuestra familia. Y dÃgame usted, señor pastor, ¿se puede saber dónde tenemos nuestro centro? ¿Dónde vivimos los d’Urberville?
—No vivÃs en ninguna parte, hijo. Os habéis extinguido…, es decir, como familia del condado.
—¡Qué lástima!
—Pues asà es… Es decir, os habéis extinguido en la lÃnea masculina, que a eso es a lo que llaman extinguirse las falaces crónicas de familia… Descender, venir a menos…
—¿Y dónde yacen nuestros muertos?
—En Kingsbere-sub-Greenhill descansan hileras y más hileras de ascendientes tuyos, en nichos, bajo doseles de mármol de Purbeck.
—Pero ¿dónde están los palacios y fincas de nuestra familia?