Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡No sé cómo no le da a usted vergüenza emplear semejantes palabrotas! —exclamó con entereza la joven, desde lo alto del seto al que habÃa trepado—. ¡Es usted odioso! Le aborrezco, sÃ, y no sigo más con usted. Me vuelvo con mi madre.
Al ver d’Urberville la indignación de la joven se disipó la suya, y se echó a reÃr con todas sus ganas.
—¡Caramba! ¿Sabe usted que asà me gusta todavÃa más? ¡Ea, hagamos las paces! —dijo—. ¡Le juro no hacer nada contra su voluntad! ¡Mi vida por ello!