Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Son las mujeres en su grupo de paseo, sir John. Y entre ellas está su hija.
—¡Ah, sÃ, es verdad! Se me habÃa olvidado pensando en cosas grandes. Bueno, pues ve allá a Marlott; encarga el coche, que puede que me dé una vueltecita para ver el grupo.
Partió el muchacho, y quedó Durbeyfield esperando el coche, tumbado sobre la hierba y entre las margaritas, al sol del atardecer. Transcurrió largo rato sin que pasara un alma, y las débiles notas de la banda eran los únicos sonidos humanos que se dejaban oÃr en el ámbito de las montañas azules.