Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Zanjó el joven la cuestión ciñéndole con el brazo la cintura, según deseaba, sin que Tess se resistiese ya. Continuaron asà al paso, hasta que la joven hubo de advertir que llevaban ya mucho tiempo cabalgando de esa suerte —mucho más tiempo del que habitualmente se invertÃa en ir a Chaseborough, aun al paso lento que ellos llevaban—. Notó también la joven que no iban por el camino real, sino a campo traviesa.
—Pero ¿qué es esto? ¿Dónde estamos? —exclamó.
—Pasando junto a un bosque.
—¿Un bosque? ¿Qué bosque? Seguro que nos hemos salido del camino.
—Estamos cerca del Chase… El bosque más viejo de Inglaterra. Hace una noche hermosÃsima, y no sé por qué no hemos de prolongar un poco nuestro paseo.
—¡Qué traidor es usted! —murmuró Tess, entre enojada y desfallecida, y zafándose de su brazo, a fuerza de abrir sus dedos de uno en uno, aun a riesgo de caerse de la montura—. ¿Ése es el pago que me da por haber puesto en usted tanta confianza y haberle complacido en lo que deseaba, por creer que le ofendà con aquel empujón? Haga usted el favor de dejarme bajar y continuar a pie.