Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Había hecho vida tan retirada en los últimos tiempos que su desgracia, nunca conocida por todos, casi la habían olvidado por completo sus paisanos de Marlott. Pero Tess veía con sobrada claridad que jamás podría vivir a gusto en un lugar que fue teatro del fracaso de su familia en su pretensión de hacer valer su parentesco, y, por medio de ella, crear una unión más íntima con los ricos d’Urberville. Hasta que al cabo de los años no se hubiera borrado, por lo menos de su espíritu, aquella sensación de fracaso, no podía estar allí tranquila. Sin embargo, Tess sentía latir en su interior las pulsaciones de una vida ardorosa todavía y henchida de esperanzas; aún podía ser feliz en algún rincón del mundo, donde no hubiese vestigio alguno de su triste pasado. Eludir el pasado y todo lo referente a él equivaldría a aniquilarlo, y para lograr tal cosa no había más que huir.
Lo de «perdido una vez, perdido para siempre», ¿era realmente verdadero de la castidad?, eso se preguntaba Tess a sí misma. Ella podía demostrar que no, siempre que lograse ocultar el pasado. No era posible que sólo a la virginidad le estuviera vedado ese poder de regeneración privativo de la naturaleza orgánica.