Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Por qué me ha mandado usted esto a mi casa? —preguntó al librero, mostrándole el volumen.
—Porque lo encargaron, señor.
—No habré sido yo, ni ninguno de los mÃos, a Dios gracias.
Consultó el librero su cuaderno de pedidos.
—¡Es verdad! Llevaba equivocada la dirección —dijo—. Lo encargó el señor Ãngel Clare, y debà mandárselo a él.
Se estremeció el pastor cual si le hubieran dado un golpe. Volvió a su casa pálido y abatido y llamó a Ãngel a su despacho.
—Mira, hijo mÃo, este libro. Dime, ¿lo has encargado tú?
—SÃ, señor —repuso Ãngel sencillamente.
—¿Y para qué?
—Pues para leerlo.
—Pero ¿cómo pudo habérsete ocurrido leer esto?
—Pues porque… se trata de un sistema filosófico. No hay obra más moral que ésta, ni más religiosa, se puede decir.
—SÃ…, como moral lo es, no lo niego. ¡Pero religiosa! ¡Y para ti, que vas a ser ministro del Señor!