Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Su innata afición a la soledad del campo le había infundido una aversión invencible y casi irracional a la vida en las ciudades modernas, vedándole los éxitos que hubiera podido obtener de haberse entregado a una actividad mundana, ante su imposibilidad de dedicarse a la espiritual. Pero como en algo había de ocuparse y ya había desperdiciado muchos años de considerable valer, Ángel, que tenía un amigo que empezaba una vida próspera en las colonias como agricultor, concibió la idea de imitarle. La agricultura, en las colonias, en América o en el país, en todas sus ramas, después de adquirir aptitudes para el negocio en un aprendizaje celoso y atento, era una ocupación que le habría de proporcionar sin duda la independencia, sin el sacrificio de lo que él estimaba por encima de todo: la libertad intelectual.
Ésa es la razón de que encontremos a Ángel Clare, a los veintiséis años, en Talbothays, aprendiendo ganadería y viviendo en casa del lechero por no haber por allí ninguna casa que pudiera hospedarle con holgura.