Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Y a renglón seguido empezó a notarle algo que le era familiar, algo que le retrotraía a un pasado alegre y libre de preocupaciones, anterior a aquél en que la necesidad de pensar y prever le había puesto gris su cielo, acabando el joven por convencerse de haberla visto ya en otra ocasión, aunque sin poder precisar dónde ni cuándo. Debía de haber sido un encuentro casual en alguna merienda campestre, pero Ángel no creyó oportuno devanarse los sesos por ponerlo en claro. Sólo que aquello fue bastante para que desde entonces prefiriese a Tess a todas las demás mozas cuando deseaba contemplar la feminidad cercana.