Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡Yo! —exclamó—. ¿Quién te ha contado ese cuento? Pero ¡chitón, que ya está ahà otra vez! ¡Qué ojazos y qué cara tan guapa toda ella tiene el señor Ãngel!
—¡Ves, tú misma te declaras!
—¡Pero si es verdad! ¡Si todas estamos que bebemos los vientos por él! —dijo Marian con la desnuda franqueza de quien desafÃa a la opinión—. Es tonto que queramos engañarnos unas a otras, aunque no se lo digamos a los demás. ¡Yo me casaba con él mañana mismo!
—¡Y yo también… y más pronto todavÃa! —murmuró Izz.
—¡Anda! ¡Y yo también! —suspiró Retty, la más tÃmida.
Tess, que las oÃa, estaba sofocada.
—Pero todas a un tiempo no podemos casarnos con él —observó Izz.
—Lo peor es que ninguna de las tres vamos a pescarlo —dijo la mayor—. ¡Ya viene otra vez por aquÃ!
Y las tres le enviaron un callado beso en la palma de la mano.
—¿Y por qué no ha de querernos a ninguna? —se apresuró a objetar Retty.
—Pues porque a él quien le gusta es Tess Durbeyfield —dijo Marian bajando la voz—. Lo he observado muy bien y no me cabe duda.