Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Unos pasos antes de llegar oyó otros sonidos muy distintos de los del baile y que le eran muy conocidos…
Era una serie de rítmicos traqueteos que venían del interior de la casa, delatando el violento balanceo de una cuna sobre el suelo de piedra, a cuyo compás iba el canto de una voz femenina que entonaba con mucho vigor una tonadilla titulada La vaca pía:
La vi tendida en el verde, a lo lejos. Ven, amor, y te diré dónde.
A un mismo tiempo paraban por un momento el mecido de la cuna y la canción, y una exclamación del tono más agudo sustituía a la melodía.
—¡Dios te bendiga esos ojos tan hermosos, y esos carrillos de cera, y esa boquita tan graciosa, y esos muslines de manteca, y todo tu resalado cuerpecito!
Luego se reanudaban el canto y el mecido y la mujer volvía a entonar como antes la canción de La vaca pía.