Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Y siguió contándole a su hijo experiencias y casos que demostraban lo absurdo de semejante opinión. Le relató las maravillosas conversiones de gentes encallecidas en el mal que había conseguido llevar a cabo no sólo entre los miserables, sino entre las personas pudientes; aunque, en honor a la verdad, no ocultaba los fracasos que también sufriera.
Como ejemplo de estos últimos citó el caso de un joven de buena posición, súbitamente encumbrado, llamado d’Urberville, que vivía a unas cuarenta leguas de allí, en las inmediaciones de Trantridge.
—¿No será de los antiguos d’Urberville, de Kingsbere y de otros lugares? —le preguntó su hijo—. ¿Esa famosa familia que ya se extinguió y de la que se cuenta esa peregrina leyenda de la carroza con cuatro caballos?
—No. Los d’Urbervilles auténticos vinieron a menos y desaparecieron hace sesenta u ochenta años, por lo menos, según mis noticias. Ésta que te digo parece ser una familia advenediza que ha tomado el apellido de la antigua, porque yo creo que son completamente espurios estos d’Urberville con respecto a la primitiva línea caballeresca. Pero me extraña ver que te interesan las familias antiguas. Yo pensaba que les concedías todavía menos importancia que yo.