Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡Ca! Nunca pensó seriamente en ello —replicó el señor Crick—. Ya os he dicho que se ha casado con una viuda, la cual, según parece, andaba bien de dineros…, unas cincuenta libras de renta, que era lo que él iba buscando… Pues sà señor, se casaron a toda prisa, pero de vuelta de la iglesia fue ella y le dijo que al casarse con él habÃa perdido su pensión. ¡Figuraos cómo se pondrÃa el hombre! ¡Desde entonces se llevan como el perro y el gato! Y le está muy bien empleado; lo malo es que la pobre mujer lo va a pagar con creces…
—Yo creo que ella debió decÃrselo antes de casarse —dijo la señora Crick.
—¡Bah! —replicó el lechero—. La viudita tenÃa ganas de volver a casarse y no quiso correr el riesgo de quedarse sin novio si le decÃa la verdad. ¿No os parece, muchachas?
Y se quedó mirándolas.
—Debió habérselo dicho antes de ir a la iglesia, como dice su señora, que quizá él no se hubiera atrevido ya a volverse atrás —exclamó Marian.
—¡Claro! ¡Eso fue lo que debió haber hecho! —asintió Izz.
—Lo que debió haber hecho fue rechazarlo puesto que sólo buscaba su dinero —protestó Retty espasmódicamente.