Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Y tú qué dices, niña? —le preguntó el lechero a Tess.
—Pues yo creo que ella… debió haberle dicho la verdad antes de casarse…, o si no darle calabazas…, no sé —replicó Tess, casi ahogándose al tragar un bocado de pan con manteca.
—Pues yo no hubiera hecho ni lo uno ni lo otro —terció Beck Knibbs, una mujer casada, que tenÃa a su cargo uno de los pabellones—. En la guerra y en amores todo está permitido. Yo me hubiera casado con él, y si luego me sale él diciendo que por qué no le advertà antes el estado de mi bolsillo, le hubiera dado en la cabeza con el rodillo. ¡Por tunante! Cualquier mujer podrÃa hacerlo.