Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —No ha sido sólo por eso por lo que hemos hecho esta caminata, sino por nuestro propio interés…, por poder hablar de este interesantÃsimo asunto que tú, querida Tess, tienes que resolver de una vez. Y a propósito, dime, ¿lo has decidido ya? ¿No es verdad que eres mÃa, quiero decir, tu corazón?
—Eso ya lo sabes tan bien como yo.
—Pues si es mÃo tu corazón, ¿por qué no me das tu mano?
—Pues por una sola razón…, por algo que tengo que contarte…
—Pero ten presente que en ello me va la felicidad y hasta la conveniencia material.
—SÃ, claro que sÃ, pero es que mi vida antes de conocernos… Verás, tengo que…
—Bueno, pero no olvides que tanto mi dicha como mi conveniencia material se cifran en ti, porque el dÃa que tenga que gobernar una granja importante, en Inglaterra o en las colonias, tú serás para mà una esposa insustituible, mejor que la señora más encopetada del reino. Asà que te suplico, Tess, que alejes de tu alma esa idea tuya de que debes contrariar mi deseo.
—Pero ¿y mi historia? Yo quiero que tú la conozcas. Tienes que dejarme que te la cuente… Cuando la conozcas, ya verás como no me quieres tanto.