Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Si tanto te empeñas en que conozca yo esa historia, cuéntamela, mujer… Anda, vamos, empieza… SÃ, vine al mundo el dÃa tantos de tantos…, etc.
—Nacà en Marlott —dijo Tess, acogiéndose a aquellas palabras como a un punto de apoyo, a pesar del tono de broma en que las dijo el joven—, y allà me crié. Estaba ya en la clase superior cuando dejé la escuela, y decÃan que mostraba grandes disposiciones para el estudio. Y que hubiera podido llegar a ser una buena maestra, que era lo que yo pensaba ser. Sólo que mi familia no andaba muy bien de dinero, mi padre no era muy trabajador y además bebÃa un poco.
—¡SÃ, sÃ! ¡Pobrecita! Lo de siempre. —Y estrechó más a Tess.
—Además…, hay algo muy extraño…; yo… yo era…
Y la respiración de Tess se volvió afanosa.
—Habla, Tess. No temas.
—Es que… yo no me llamo Durbeyfield, sino d’Urberville. Desciendo de esa familia a la que perteneció la casa antigua por delante de la cual hemos pasado. Sino que mi familia vino muy a menos.
—¡Conque d’Urberville! ¡Caramba! ¿Y ése era todo el obstáculo, Tess?
—Sà —respondió la joven con desánimo.
—¿Y por qué habÃa de quererte menos por eso?