Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Me había dicho el amo que odiabas las familias de la nobleza…
Ángel se echó a reír.
—Sí, hasta cierto punto tenía razón. Odio los privilegios aristocráticos de la sangre y creo que, como seres racionales que somos, los únicos abolengos que debemos respetar son los espirituales de la inteligencia y la virtud, prescindiendo de la descendencia… Pero, a pesar de eso, me interesan extraordinariamente todas esas cosas relacionadas con la antigüedad. ¡No puedes figurarte cuánto me interesan! ¿Y tú no tienes a gala venir de tal linaje?
—No, a mí lo que me da eso es tristeza. Especialmente desde que vine aquí y tuve ocasión de ver que muchos de los montes y campos que pertenecieron en otro tiempo a la familia de mi padre están hoy en otras manos. Aunque después de todo también a las familias de Retty y Marian les habrá ocurrido lo mismo, así que, después de todo…
—Sí, es verdaderamente notable eso de que muchos de los que ahora trabajan la tierra fueran antaño dueños de ella, y a veces me asombra el que cierta línea política no fije la atención en la importancia que tiene el asunto. Me choca no haber advertido la semejanza que tiene tu apellido con el de d’Urberville, ni haber reparado en que representa una corrupción de él… Pero ¡era ése el secreto que tanto te afligía!