Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Todas estaban ya en el dormitorio al subir ella después de cenar. ArdÃa una vela, y las blancas muchachas que sentadas en sus camas esperaban a Tess semejaban a los ojos de esta última una fila de vengadores espectros.
Mas no tardó en comprender que no habÃa en su actitud la menor malquerencia. No era lógico que llevasen a mal la pérdida de lo que nunca pensaron poseer. En aquel momento estaban únicamente animadas de un interés objetivo, de espectadoras.
—¡Va a casarse con ella! —murmuraba Retty sin quitar ojo de Tess—. ¡Cómo se le conoce en la cara!
—¿Vas a casarte con él? —le preguntó Marian.
—Sà —respondió Tess.
—¿Cuándo?
—Algún dÃa.
Las demás juzgaron su respuesta una evasiva.
—¡Va a casarse con él! ¡Con un caballero! —repitió Izz.
Y obedeciendo a una suerte de fascinación, las tres muchachas saltaron de sus lechos una a una y rodearon descalzas a Tess. Retty le puso las manos en los hombros, cual si quisiera cerciorarse de la realidad corpórea de su amiga, después del milagroso acontecimiento, mientras las otras le ceñÃan la cintura, sin dejar de mirarla embelesadas.