Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Al llegar a la lechería pusieron en autos de todo al vaquero y su esposa, suplicándoles el secreto, porque ambos deseaban que acerca de su matrimonio se guardase la mayor reserva. Aunque el lechero tenía pensado despedir pronto a Tess, mostró gran contrariedad al saber que la muchacha se iba de su casa. ¿Cómo se las iba a arreglar ahora para el desnatado? ¿Quién iba a hacerle aquellos artísticos panes de mantequilla que las señoras de Anglebury y Sandbourne estimaban tanto? La señora Crick felicitó a Tess por el venturoso desenlace de aquel episodio de amor, y declaró que desde el punto y hora que vio por primera vez a la muchacha le dio el corazón que había de casarse con persona de calidad y no con un rústico cualquiera; que harto revelaba la joven ser de alta condición y ella hubiera jurado que descendía de una gran familia. Claro que la señora Crick recordaba que Tess le había causado verdaderamente muy buena impresión la primera vez que la viera, pero aquellos extremos que añadía podían muy bien ser producto de su fantasía excitada por el acontecimiento de aquella buena boda.