Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Se abandonaba Tess al correr de las horas con una grata sensación de inercia. Ya había empeñado su palabra, señalado el día de la boda y dispuesto todo a ese fin; su inteligencia, brillante de suyo, empezaba a rendirse al fatalismo de los pueblos y a esas supersticiones que atienden más a los fenómenos naturales que a los demás seres; así que cayó en la conformidad sistemática con todas las cosas que su novio, por dar paz a su alma, le sugería.
Pero escribió de nuevo a su madre con pretexto de anunciarle el día de la boda, mas con el verdadero objeto de pedirle nuevamente consejo. Le rogaba Tess que se fijara en que su futuro marido era un señorito, y que acaso éste no acogiese bien una confesión, después de la boda, que otro hombre más tosco pudiera aceptar. Pero la madre de Tess no contestó a esa carta.