Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Ángel, además, se proponía imponerse un poco en la molienda del trigo, pues acariciaba la idea de combinar el negocio de la leche con el de la elaboración de harinas. El propietario de un gran molino viejo de Wellbridge —que antaño fuera una abadía— le había dado facilidades para que visitara su anticuada instalación y presenciara las operaciones durante algunos días, siempre que le viniera en gana. Así que un día se encaminó Ángel a dicho lugar, que estaba a algunos kilómetros de distancia de allí, a fin de enterarse de algunos pormenores, regresando a Talbothays anochecido. Le manifestó el joven a Tess que estaba decidido a pasar unos cuantos días en el molino harinero de Wellbridge. Pero ¿qué razón era la que le impulsaba a ello? No tanto la oportunidad de adquirir alguna práctica en las cuestiones de la molienda, como la coyuntura que se le ofrecía para alquilar unas habitaciones en la misma casa del molino que había sido antaño residencia de una de las ramas de la familia d’Urberville. De esta suerte arreglaba Ángel las cuestiones prácticas, guiándose por un sentimiento que no guardaba con ellas la menor relación. Decidieron los novios ir a pasar allí un par de semanas después de casados, en vez de echarse a viajar por ciudades y pueblos.
—Después iremos a ver algunas fincas de que he oído hablar al otro lado de Londres —dijo—, y para marzo o abril visitaremos a mis padres.