Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Seguían con las manos juntas. El fuego iluminaba por debajo de la rejilla las cenizas como un despojo tórrido. La imaginación pudiera haber vislumbrado un día del Juicio espeluznante en aquel resplandor del carbón al rojo vivo que bañaba el rostro y la mano de Ángel, así como la cara de Tess, penetrando en los sueltos cabellos de esta última por la frente y encendiendo por debajo la delicada tez. Su sombra se proyectaba inmensa sobre la pared y el techo. Estaba inclinada hacia delante y cada una de las gemas de su cuello producía un guiño siniestro, como el del sapo. Y apoyando su hermosa frente sobre la sien de Ángel empezó a contarle su encuentro con Alec d’Urberville así como las consecuencias de aquél, profiriendo las palabras sin vacilación alguna y con los párpados caídos.