Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Y al mismo tiempo le cogió de un brazo con sugestivo ademán. Con gran contento por parte de Tess, obedeció él sin resistir. Las palabras de ella le habían vuelto a su sueño, que desde aquel instante debió de entrar en una nueva fase, en la que sin duda imaginaba el joven que Tess se le había aparecido en espíritu para llevarle al cielo. Cogido, pues, del brazo, le condujo ella al puente de piedra, cercano a su morada, donde se hallaron después de cruzarlo. Iba ella descalza y se hería los pies con los guijarros, calándole además el frío los huesos; pero Clare llevaba puestas sus recias medias de lana y parecía no sentir el frío.
No se le ofreció a Tess ya ninguna otra dificultad. Le indujo a tenderse en su canapé y lo tapó con mucho cuidado, encendiendo fuego en la chimenea para que se calentase si había cogido humedad. Pensaba que al ruido que ella armaba con todo aquello se despertaría, y en sus adentros así lo deseaba. Mas Clare estaba tan rendido física y mentalmente que permaneció insensible.