Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville A poco de terminado el desayuno llegó el coche que él había encargado por carta a la ciudad. Vio en esto Tess el principio del fin, del fin temporal por lo menos, ya que ahora, después de haberle revelado aquel sueño nocturno de Ángel la ternura que por ella seguía sintiendo, abrigaba esperanzas de volver a reunirse con su esposo. Después de colocar el equipaje en el techo del vehículo partieron, no sin que el molinero y la vieja asistenta mostraran cierta sorpresa por verlos marchar con aquella precipitación, que Clare procuró justificar diciendo que el sistema que seguían en aquel molino era todo lo moderno que él necesitaba para sus experiencias. Por otra parte, ningún detalle dejaba traslucir que no fuera verdad lo que decía de ir a visitar a unos amigos.
Pasaba su camino no lejos de la vaquería de que pocos días antes partieran, poseídos de tan solemne alegría, y como Clare deseaba arreglar sus asuntos con Crick, no tuvo Tess más remedio que hablar con su señora para no excitar sospechas acerca de su desventurada situación.