Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville A fin de atenuar la tristeza de aquel relato fue Tess a despedirse de sus vacas favoritas, acariciándolas a todas con su mano, y cuando Clare y ella se volvieron a reunir para retirarse no hubiera sido difícil, para quien conociera su verdadera situación, advertir en su aspecto algo sumamente triste; los dos, marido y mujer para los demás, el brazo de Clare rozando el de Tess, la falda de ésta dando en la ropa del marido, y, sin embargo, ¡iban a separarse acaso para siempre! Hablaban en plural al despedirse, diciendo nosotros, y estaban tan alejados entre sí como dos polos. Mas tal vez cierto azoramiento y confusión en su actitud, cierta afectación enfática en el modo de hablar para dar a entender que estaban muy unidos diera pie para que luego que se hubieron ido le dijera al ganadero su mujer:
—¡Qué brillo tan raro el de los ojos de ella! Además, ¿te fijaste en que parecían dos figuras de cera y hablaban como sonámbulos? ¿No te ha chocado a ti también? Tess parecía como si tuviese algo callado y no se comporta como novia orgullosa de haber hecho buen casamiento.